El día 8 de este mes, durante la mañana, uno de los amores de mi vida murió.
Pasamos la noche anterior juntos, sin abrazarnos. Acompañandonos simplemente. Sus ojos dorados se clavaron en los mios, y permanecimos asi durante horas.
Mi alma tomó su pequeño espiritu en brazos y caminaron juntos en la profunda noche, por las calles desiertas, mientras todos dormian.
No lloraban ni sonreian, simplemente realizaban aquella ultima caminada, la cual sabian de antemano que realizarian juntos.
Al llegar a determinado punto, donde todo se lleno de niebla, y el cielo se quedo sin estrellas, el se despidio de mi. Con una última mirada me sonrió con los ojos y me quede maravillada de su profundidad.
-Yo también te amo.- le respondió mi alma con un ligero temblor de voz. Su pequeño espiritu saltó de mis brazos y sin mirar hacia atrás se perdio en las penumbras. Regresé sola a casa. Mi alma era ahora pequeña, casi tanto como lo era la primera vez que nos vimos.
Al despertar, su cuerpo se habia refugiado debajo de la cama.
Alli fui a buscarlo.
Con un estremecimiento también, su cuerpo se despidió del mio.
Hasta siempre Silvestre, se que volveremos a vernos.







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